El día que Chaw y Zorgu descubrieron Glendalough y conocieron a un leprechaun

 

El día que Chaw y Zorgu descubrieron Glendalough y conocieron a un leprechaun

El día que Chaw y Zorgu llegaron a Glendalough, en las montañas de Wicklow, ninguno de los dos esperaba encontrarse con un lugar tan silencioso y a la vez misterioso.

—¿Dónde está todo el mundo? —preguntó Chaw, mirando alrededor.

—Quizá estamos en el lugar equivocado —contestó Zorgu.

—No puede ser. El mapa dice Glendalough.

Zorgu levantó la mirada.

Frente a ellos se extendía un valle verde rodeado de montañas, con dos lagos brillando entre la niebla y, un poco más allá, las ruinas de un antiguo asentamiento de piedra.

—Entonces hemos llegado al lugar correcto —dijo Zorgu—. Lo que pasa es que aquí parece que el tiempo funciona de otra manera.

Y quizá no estaba tan equivocado.

Glendalough significa en irlandés Gleann Dá Locha, «valle de los dos lagos». En este rincón del condado de Wicklow se encuentra uno de los conjuntos monásticos medievales más importantes de Irlanda.

El origen del lugar está relacionado con San Kevin, un hombre que, según la tradición, buscó aquí una vida de retiro y oración entre las montañas durante el siglo VI. Con el tiempo, aquella pequeña comunidad se convirtió en un importante centro religioso y de aprendizaje.

Chaw miró las antiguas piedras.

—Entonces aquí vivían monjes.

—Sí.

—¿Y estudiaban?

—Sí.

—¿Y tenían dragones?

Zorgu lo miró seriamente.

—No tengo ninguna evidencia de eso.

—Pues vaya monasterio.

Continuaron caminando.

Entre las ruinas apareció una torre redonda altísima que parecía tocar el cielo.

—¡Mira eso! —exclamó Chaw.

La torre de Glendalough se eleva unos treinta metros y es uno de los elementos más impresionantes del antiguo asentamiento. Estas torres redondas eran características de los monasterios medievales irlandeses y probablemente servían principalmente como campanarios, aunque también podían ofrecer refugio en momentos de peligro.

Chaw levantó la cabeza hasta que casi perdió el equilibrio.

—Si yo construyera una torre así, pondría una habitación arriba para guardar galletas.

—Eso explicaría muchas cosas sobre ti.

—¿Qué quieres decir?

—Nada.

Siguieron avanzando hasta acercarse al lago.

El agua estaba completamente quieta.

Demasiado quieta.

Chaw dejó de bromear.

—Zorgu…

—¿Sí?

—¿Has oído eso?

Se escuchó un pequeño ruido entre los arbustos.

Crac.

Los dos se quedaron inmóviles.

Otro ruido.

Crac, crac.

Y entonces apareció una diminuta figura con un sombrero verde, una barba rojiza y unos zapatos enormes.

El pequeño personaje los observó con expresión desconfiada.

—¡Vaya, vaya! —dijo—. Dos turistas perdidos.

Chaw abrió mucho los ojos.

—¡Un leprechaun!

—¡Un dragón!

—¡No soy un dragón!

—¡Y yo no soy turista!

Zorgu intervino.

—Creo que tenemos un problema de identificación.

El leprechaun se cruzó de brazos.

—Mi nombre es Finnian.

—Yo soy Chaw.

—Y yo Zorgu.

Finnian los miró de arriba abajo.

—¿Y qué buscáis?

Chaw señaló las ruinas.

—Estamos buscando una historia.

Finnian sonrió.

—Entonces habéis venido al lugar adecuado.

Se sentó sobre una piedra y señaló el valle.

—Aquí hay historias suficientes para llenar cien libros. Algunas son ciertas, otras son leyendas y algunas… bueno, algunas es mejor no contarlas después de que oscurezca.

Chaw se acercó inmediatamente.

—¡Cuéntanos una!

Finnian suspiró.

—Siempre igual.

Entonces les habló de San Kevin.

Según las tradiciones asociadas a su vida, Kevin buscó la soledad en este valle y vivió como ermitaño. Una de las historias más conocidas cuenta que tuvo una relación extraordinaria con los animales y la naturaleza. También existe la tradición de que vivió en una pequeña cueva situada junto al Lago Superior, conocida como St Kevin's Bed.

—¿Y es verdad? —preguntó Chaw.

Finnian se encogió de hombros.

—En Glendalough hay historias que nacieron hace tantos siglos que a veces resulta difícil saber dónde termina la historia y empieza la leyenda.

Zorgu sonrió.

—Eso me gusta.

—A mí también —dijo Chaw—. Pero todavía no nos has contado tu secreto.

Finnian se quedó muy quieto.

—¿Qué secreto?

—Los leprechauns siempre tienen secretos.

—Eso es una generalización bastante ofensiva.

—Entonces tienes uno.

Finnian resopló.

—Está bien.

Se acercó al borde del lago y señaló una pequeña piedra cubierta de musgo.

—Dicen que cuando la niebla baja sobre Glendalough y los dos lagos dejan de distinguirse entre sí, los guardianes invisibles del valle salen a comprobar que nadie haya olvidado las historias antiguas.

Chaw miró alrededor.

—¿Y tú eres uno de esos guardianes?

Finnian sonrió.

—Yo solo soy el que cobra por contar las historias.

Zorgu soltó una carcajada.

—¡Eso sí que parece auténticamente irlandés!

Finnian sacó de su bolsillo una diminuta moneda dorada.

—Pero hoy voy a hacer una excepción.

Se la entregó a Chaw.

—No es oro.

Chaw la examinó.

—¿Entonces qué es?

—Un recuerdo.

Y en cuanto Chaw cerró la mano, una ráfaga de viento atravesó el valle.

La niebla comenzó a descender sobre el lago.

Cuando Chaw volvió a abrir la mano, Finnian había desaparecido.

—¡Zorgu!

—Lo sé.

—¡Ha desaparecido!

—Eso hacen los leprechauns.

—¿Y la moneda?

Zorgu miró la pequeña pieza.

En ella había grabados dos círculos unidos.

—Creo que representan los dos lagos.

Chaw sonrió.

—Entonces nos ha dejado un mapa.

—O una moneda.

—Prefiero mi versión.

Y mientras la niebla cubría lentamente Glendalough, los dos amigos emprendieron el camino de regreso.

Antes de marcharse, Chaw miró una última vez hacia las ruinas.

La torre seguía allí.

Los lagos seguían allí.

Las montañas seguían allí.

Pero Finnian había desaparecido completamente.

O eso creían.

Porque justo cuando estaban a punto de perderlo de vista, escucharon una voz detrás de ellos.

—¡Y recordad una cosa!

Chaw se giró.

No había nadie.

—¿Qué cosa? —gritó.

Desde algún lugar entre los árboles llegó la respuesta:

—¡Nunca confiéis en un leprechaun que diga que no sabe dónde está el oro!

Chaw miró a Zorgu.

Zorgu miró a Chaw.

Y los dos comenzaron a reír.

Porque quizá aquella había sido precisamente la mejor lección que podían llevarse de Glendalough:

que hay lugares donde la historia y la leyenda caminan juntas…

y que, cuando uno tiene la suerte de encontrarse con un pequeño habitante de Irlanda que conoce sus secretos, lo mejor es escuchar con atención.

Aunque después no tengas ni idea de si te ha contado la verdad.

O te haya tomado el pelo.

Y eso, en Glendalough, quizá sea exactamente lo mismo.

Fotografía: El Castillo de Nat 🌻🐝

🔎 Política de transparencia: En El Castillo de Nat indicamos cuando una imagen ha sido generada o modificada mediante inteligencia artificial (IA). Nuestro objetivo es ofrecer contenidos claros y transparentes a nuestros lectores.

Transparencia: En El Castillo de Nat utilizamos herramientas de inteligencia artificial como apoyo creativo en determinados contenidos. Cada publicación es revisada y editada antes de su publicación, manteniendo siempre la mirada, el criterio y la esencia de este blog.

No hay comentarios:

ENTRADA DESTACADA HOY:

CHAW Y ZORGU Y EL SECRETO DE LAS PIEDRAS QUE MIRAN AL CIELO

  CHAW Y ZORGU Y EL SECRETO DE LAS PIEDRAS QUE MIRAN AL CIELO El viaje había comenzado sin que ninguno de los dos supiera exactamente dónde ...