SEPTIEMBRE DESDE LA VENTANA DEL CASTILLO

 


SEPTIEMBRE DESDE LA VENTANA DEL CASTILLO

Hay algo curioso en septiembre.

No sé si os pasa a vosotros, pero a mí este mes siempre me produce una sensación un poco difícil de explicar. No es exactamente tristeza porque el verano se termine, ni tampoco esa alegría de empezar algo nuevo que asociamos muchas veces con enero. Es otra cosa. Como si Asturias, de repente, bajara un poquito el volumen después del verano y nos invitara a mirar alrededor con más calma.

Y eso es precisamente lo que estoy haciendo hoy desde la ventana del Castillo.

Porque Asturias en septiembre sigue teniendo muchísimo que contar.

Todavía quedan fiestas, todavía hay terrazas, todavía podemos salir a pasear sin tener que mirar constantemente el reloj para aprovechar el día, y todavía hay pueblos que celebran sus fiestas como si el verano se resistiera a marcharse del todo. En Gijón, por ejemplo, las fiestas de Cimadevilla se prolongan hasta el 13 de septiembre, mientras que en otros muchos puntos de Asturias septiembre continúa llenando las calles de música, encuentros y esas celebraciones que forman parte de nuestra manera tan particular de entender la vida.

Y luego está el ruido.

El ruido de los motores, en este caso.

Porque estos días Asturias vuelve a convertirse en escenario del Rally Princesa de Asturias, una de esas citas que consiguen que durante unos días mucha gente esté pendiente de carreteras, tramos, pilotos y tiempos. La edición de este año se celebra del 10 al 12 de septiembre, con Oviedo como centro de la prueba y con el concejo de Valdés teniendo también un papel protagonista.

Y mientras todo eso sucede, desde aquí, desde esta ventana imaginaria del Castillo, yo pienso en otra Asturias.

En la Asturias de las pequeñas cosas.

La del café de media mañana.

La de mirar por la ventana y comprobar que el cielo ha decidido cambiar de opinión tres veces antes de las doce.

La de salir de casa con una chaqueta porque hace fresco y arrepentirte cinco minutos después porque aparece el sol.

La de encontrarte con alguien conocido en el supermercado y acabar hablando veinte minutos de cualquier cosa menos de lo que ibas a comprar.

La de los pueblos que todavía conservan sus fiestas, sus costumbres y esa manera de encontrarse unos con otros que cada vez parece más difícil de encontrar en otros lugares.

Porque septiembre también es eso.

Es volver.

Volver al trabajo, volver a los horarios, volver a las obligaciones, volver a esas rutinas que durante el verano dejamos aparcadas durante unas semanas.

Pero también puede ser una oportunidad para hacer las cosas de otra manera.

Para recuperar un paseo.

Para volver a llamar a alguien.

Para descubrir un sitio que tenemos al lado de casa y al que llevamos años diciendo que iremos.

Para sentarnos delante de un café sin mirar el móvil durante diez minutos.

Para mirar Asturias.

Simplemente mirar.

Y quizá por eso me gusta tanto esta idea de asomarme a la ventana del Castillo para contar lo que pasa ahí fuera.

Porque no quiero hablar solamente de grandes acontecimientos.

Quiero hablar también de esas pequeñas historias que hacen que un lugar sea nuestro.

De las fiestas de un pueblo.

De una carretera que conocemos de memoria.

De una cafetería donde siempre pedimos lo mismo.

De una playa en la que hemos pasado mil tardes.

De una conversación que recordamos años después.

De ese olor a tierra mojada que aparece después de la lluvia.

De la sidra, claro.

Y de esa capacidad que tiene Asturias para sorprendernos incluso cuando creemos que ya lo hemos visto todo.

Así que aquí estamos.

Septiembre acaba de empezar su historia y yo, desde mi ventana del Castillo, voy a seguir mirando.

A ver qué ocurre.

A ver quién llega.

A ver quién se marcha.

A ver qué lugares vuelven a llenarse de gente y cuáles empiezan a quedarse tranquilos.

Y, sobre todo, a ver qué pequeñas historias nos regala Asturias antes de que el otoño llame definitivamente a nuestra puerta.

Porque ya sabéis que aquí, en El Castillo de Nat, una ventana nunca es solamente una ventana.

Es una excusa para mirar al mundo.

Y hoy, al otro lado del cristal, está Asturias.

Mi Asturias.

La de todos los días.

La que cambia.

La que permanece.

La que siempre tiene algo que contar.

Yo soy Nat.

Y desde la ventana del Castillo…

seguimos mirando.

✨ Imagen creada con inteligencia artificial como recurso visual para acompañar este artículo.

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