Por los pelos de San Nicolás! Zorgu y Chaw se pierden en el laberinto de Bari



 ¡Saluti a tutti desde la Tierra, humanos! Aquí Zorgu, vuestro alienígena molón de confianza. He dejado por unos días mi platillo volante aparcado en doble fila en la órbita terrestre porque Chaw y yo nos hemos tomado en serio eso del Slow Travel. ¿Nuestro destino actual? Bari, una ciudad en el tacón de Italia que tiene más secretos, callejones y leyendas que toda la galaxia junta.

Chaw, que para los que no lo conozcan es mi pequeño y adorable dragón rojo con alas, está ahora mismo intentando comerse una réplica de plástico de San Nicolás que venden en un puesto de recuerdos. ¡Chaw, no, eso no se muerde! En fin, mientras le quito el santo de la boca, os voy a contar las tres leyendas más locas y divertidas de este rincón del Mediterráneo. Preparaos, porque el misterio a la italiana es de otro planeta.

1. El misterio de San Nicolás y las tres chicas sin blanca

Nuestra primera parada obligatoria fue la Basílica de San Nicolás. Es un sitio imponente, de piedra blanca que brilla tanto bajo el sol de Apulia que casi tengo que ponerme mis gafas de protección intergaláctica. Resulta que San Nicolás es el patrón de la ciudad y el auténtico origen del mito de vuestro tatarabuelo gordinflón y vestido de rojo, Papá Noel. Pero la leyenda de cómo se convirtió en el héroe local es mucho más divertida.

Dice la historia que hace muchos siglos había un hombre en el pueblo que tenía tres hijas. El pobre estaba más tieso que una piedra lunar y no tenía dinero para pagar las dote de las chicas, lo que en esa época significaba que se iban a quedar solteras y en la miseria más absoluta. Nicolás, que por entonces era un obispo con ganas de hacer el bien (y con superpoderes para el sigilo que ya querrían muchos espías espaciales), decidió actuar.

En lugar de llamar a la puerta y montar un drama, el tío esperó a que fuera de noche. Escaló hasta la ventana de la casa y arrojó tres bolsas llenas de monedas de oro directamente por la chimenea. Algunas versiones locales dicen que las monedas cayeron mágicamente dentro de unos calcetines que se estaban secando junto al fuego. ¡De ahí viene vuestra extraña costumbre terrestre de colgar calcetines en Navidad!

Chaw se emocionó tanto al escuchar la historia que empezó a lanzar chispas por la nariz. Tuve que explicarle que aquí el oro no crece en los árboles y que tirar cosas por la chimenea de los vecinos suele acabar con una llamada a la policía espacial local.

2. El Arco de los Enamorados (y cómo conseguir novio en tres giros)

Después de la iglesia, nos perdimos por las calles de Bari Vecchia, que es el casco antiguo. Humanos, os lo juro, esos callejones son un laberinto peor que los cinturones de asteroides de mi sistema solar. Las calles son tan estrechas que si Chaw abre las alas bloquea el tráfico de bicicletas. En mitad de este caos encantador, tropezamos con un arco de piedra muy antiguo conocido como el Arco de los Enamorados (o el Arco de San Nicola).

La leyenda urbana que se cuenta aquí (y que las abuelas de Bari repiten mientras amasan pasta en las puertas de sus casas) dice que cualquier mujer soltera que esté buscando desesperadamente el amor de su vida solo tiene que cumplir un pequeño ritual. Debe ir a la columna que está junto al arco y dar tres vueltas alrededor de ella. Si lo hace con fe, San Nicolás le enviará un marido antes de que termine el año.

Chaw, que es un cotilla dimensional, se sentó a observar. Vimos a una turista humana dar las tres vueltas tan rápido que casi se cae de cabeza contra un plato de orecchiette (la pasta típica de aquí con forma de orejita). Yo intenté dar las tres vueltas para ver si me salía una alienígena molona con la que compartir mis viajes, pero la columna me miró raro y Chaw se empezó a tronchar de la risa. Creo que el radar romántico de San Nicolás no está calibrado para ciudadanos de más allá de la Vía Láctea.

3. La bruja de la cocina y las "Orecchiette" malditas

Hablando de pasta, no puedes caminar por Bari sin ver a las famosas signore sentadas en mesas de madera en mitad de la calle, moviendo las manos a la velocidad de la luz para dar forma a las orecchiette. Es un espectáculo hipnótico. Pero ojo, porque la gastronomía de Bari tiene su propio reverso tenebroso y legendario.

Los locales nos contaron que en una de estas callejuelas vivía hace años una anciana que preparaba la pasta más deliciosa de toda Italia, pero que tenía un carácter terrible. Corrió el rumor de que no era una simple cocinera, sino una strega (una bruja) que echaba maldiciones a los clientes que no le caían bien o que se quejaban del punto de la sal. Decían que si la mirabas fijamente a los ojos mientras cocinaba, tus fideos se convertirían en gusanos al llegar a casa.

Por supuesto, Chaw no se aguantó y se acercó a husmear a una de las mesas. Una adorable anciana de pelo blanco le soltó un guantazo con un trapo de cocina por intentar robar un trozo de masa cruda. El pobre dragón se escondió detrás de mi capa espacial con los ojos llorosos. No sabemos si era bruja o no, pero os aseguro que el poder de una abuela italiana con un trapo es superior a cualquier rayo desintegrador.

Conclusión galáctica

Bari nos ha robado el corazón (bueno, yo tengo dos, así que me queda otro de repuesto). Es una ciudad donde el pasado, la magia y las risas se mezclan en cada esquina. Viajar despacio nos está permitiendo descubrir que las mejores historias de la Tierra no están en los libros de texto, sino en los mitos que los humanos os contáis de generación en generación mientras disfrutáis de la vida.

Chaw ya se ha quedado dormido en mi mochila, agotado de tanto explorar (y de digerir el trozo de plástico que se comió al principio). Nosotros seguimos nuestro rumbo por este planeta tan loco y maravilloso. ¡Hasta la próxima aventura intergaláctica, terrícolas!

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