Stephen's Green Shopping Centre: ¿Un Centro Comercial o el Invernadero de un Gigante Victoriano?
Stephen's Green Shopping Centre: ¿Un Centro Comercial o el Invernadero de un Gigante Victoriano?
Si alguna vez te pierdes por las calles de Dublín y, de repente, sientes que has entrado en una máquina del tiempo que te lleva directamente a la época de la Reina Victoria, pero con WiFi y tiendas de discos, es que has llegado al Stephen's Green Shopping Centre.
Olvídate de esos centros comerciales modernos que parecen cajas de zapatos blancas y frías. Este lugar tiene alma, tiene hierro forjado y tiene más cristal que el palacio de la Cenicienta. Vamos a descubrir por qué este sitio es la joya de la corona de la calle Grafton y uno de mis lugares favoritos cada vez que visito Dublín.
Un diseño que engaña al ojo
Lo primero que tienes que saber es que, aunque parece que lleva ahí desde que los vikingos fundaron la ciudad, en realidad se inauguró en 1988. ¡Sí, como lo oyes! Es un ejemplo perfecto de cómo hacer algo nuevo que parezca una reliquia histórica maravillosa.
Su arquitectura está inspirada en los invernaderos victorianos y en los grandes pabellones de las exposiciones universales. Es tan bonito que, a veces, la gente entra, mira hacia arriba al techo de cristal, se queda embobada con las flores de hierro y se olvida de que iba a comprarse una chaqueta.
El reloj que todo lo ve (y que nunca llega tarde)
Si hay un protagonista en este centro comercial, es su reloj gigante. Es el corazón del edificio y el punto de encuentro oficial de los dublineses.
Anécdota mística: Se dice que si quedas con alguien debajo del reloj de Stephen's Green, la cita está bendecida por la puntualidad irlandesa.
Toque de humor: Es el lugar preferido para las primeras citas. Si ves a alguien mirando el reloj con cara de nervios y un ramo de flores, ¡estás presenciando un momento digno de película de Hollywood!
De las antigüedades a las guitarras
Lo divertido de Stephen's Green es su mezcla. Puedes encontrar desde tiendas de antigüedades que parecen el desván de tu abuela irlandesa (con tesoros que ni sabías que existían), hasta tiendas de música icónicas.
Dato curioso: Dublín respira música, y en las plantas superiores de este centro puedes encontrar tiendas con instrumentos que te dan ganas de montar una banda de rock celta allí mismo.
Vecinos con colmillos: El fantasma de Bram Stoker
Grafton Street y los alrededores de Stephen's Green están llenos de historia literaria. Se dice que el espíritu de la ciudad impregna el edificio. De hecho, está tan cerca del parque St. Stephen's Green que, si cierras los ojos, casi puedes imaginar a Oscar Wilde o a Bram Stoker (el padre de Drácula) paseando por la zona.
Nota de gurú: Si vas en enero, la luz que entra por el techo de cristal a media tarde es mágica. Es el momento ideal para hacerte esa foto que hará que tus seguidores de Instagram mueran de envidia.
El refugio perfecto contra la lluvia irlandesa
Como bien sabemos, en Dublín el cielo tiene la costumbre de "llorar" con frecuencia. El Stephen's Green Shopping Centre es el refugio oficial de los supervivientes. No hay nada más placentero que estar en la planta de arriba, con un café caliente en la mano, escuchando cómo las gotas de lluvia golpean el enorme techo de cristal mientras tú estás seco y rodeado de plantas colgantes. Es el "hygge" versión irlandesa.
Tip de la Suerte para viajeros
Si visitas este centro comercial, sube hasta la última planta. Las vistas de la estructura desde arriba son las mejores.
Ritual de la moneda: Algunos dicen que si encuentras una moneda de un céntimo en el suelo de este centro (que con tanto trasiego es muy común), debes guardarla en el bolsillo izquierdo. Te asegura que volverás a Dublín antes de lo que crees ( de esto doy fe)
Reflexión final
El Stephen's Green Shopping Centre nos enseña que no hace falta ser "antiguo" para tener clase, y que los lugares de compras también pueden ser templos de la belleza. Si vas a Dublín, entra aunque no quieras comprar nada. Entra por la arquitectura, por el ambiente y por ese reloj que parece marcar el tiempo de una forma mucho más romántica.
Fotografía: Natalia Fernández.

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