La Noche de San Juan: Duendes, Brujas y el Secreto del Hipérico
La Noche de San Juan: Duendes, Brujas y el Secreto del Hipérico
En la noche más corta del año, cuando el aire se llena del aroma
a hoguera y las laderas asturianas se iluminan con pequeñas luces, el velo
entre nuestro mundo y el de las criaturas mágicas se vuelve increíblemente
fino. Es la Noche
de San Juan, un momento en que la magia se desata y los seres de la
mitología local salen a celebrar.
En
un claro del bosque, un grupo de xanas de
cabellos largos y ojos brillantes danzan al son de una melodía invisible. Sus
risas cristalinas se mezclan con el crepitar de las llamas lejanas y sus pies
apenas tocan la hierba, dejando tras de sí un rastro de rocío mágico.
Juanito: Un Testigo Inesperado
Atraído
por la curiosidad, un joven pastor llamado Juanito se aventura en el bosque.
Fascinado, observa a los duendes tejiendo las crines de los
caballos y escondiendo las herramientas de los campesinos con sus risas
pícaras. Luego, se queda perplejo ante la etérea danza de las xanas y siente un
escalofrío al espiar el aquelarre de las brujas.
De
pronto, un duende juguetón lo descubre. El pánico se apodera de Juanito, pero
recuerda las palabras de su abuela: "En la noche de San Juan, el hipérico es
tu escudo". Saca de su zurrón un manojo de la hierba dorada que había
recolectado al atardecer.
Al
ver el hipérico, los duendes retroceden con una mueca, pues la planta,
bendecida por el solsticio de verano, les causa repulsión. Las xanas, al
contrario, sonríen con dulzura, ya que la planta atrae su favor y protege a los
corazones puros. Las brujas, por su parte, detienen su danza y, aunque algunas
muestran desdén, la más anciana asiente en señal de respeto por el símbolo del
sol que el hipérico representa.
La Magia Perdurable
Juanito
se retira del bosque, el corazón latiéndole con fuerza y la mente llena de las
maravillas que ha presenciado. A partir de esa noche, nunca olvida su
encuentro. Siempre lleva consigo un poco de hipérico, recordando que en la
noche más mágica del año, la realidad y la fantasía danzan juntas bajo la luz
de las hogueras.
Fotografías: Natalia Fernández


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