Chaw, El Guardián de la Catedral de León
Chaw, El Guardián de la Catedral de León
En lo alto de la majestuosa catedral de León, donde las gárgolas vigilan desde las alturas y las vidrieras pintan el aire con colores celestiales, vivía un dragón. No era uno de los de las antiguas leyendas, escupiendo fuego y sembrando el terror. El dragón de León era un ser antiguo y sabio, con escamas de oro que brillaban bajo la luz de la luna y ojos que reflejaban la sabiduría de los siglos.
Se llamaba Chaw, y su nombre era tan brillante como su enorme corazón. Había llegado a León en tiempos inmemoriales, cuando la ciudad era apenas un pequeño asentamiento. Desde entonces, había visto crecer la catedral, piedra a piedra, hasta convertirse en la majestuosa obra de arte que es hoy en día. Chaw guardaba un preciado secreto: bajo la catedral, en una cámara oculta, se encontraba un tesoro incalculable. No era oro ni joyas, sino un antiguo libro, repleto de conjuros y hechizos que podrían cambiar el mundo y a la humanidad.
Una Amistad Inesperada
A pesar de su poder, Chaw era un ser muy solitario. Los humanos le temían y lo evitaban, y él, a su vez, se sentía incomprendido. Sin embargo, una noche, una joven asturiana llamada Nat se adentró en la catedral buscando refugio durante una gran tormenta. Al ver al dragón, en lugar de huir, se acercó a él con curiosidad y admiración.
Chaw, sorprendido por la valentía de la joven, decidió confiar en ella para siempre. Le contó la historia del libro mágico y le explicó por qué lo protegía. Nat, a su vez, le habló de sus sueños y de su deseo de hacer del mundo un lugar mejor.
Desde ese día, Chaw y Nat se convirtieron en amigos inseparables. Juntos, exploraron los rincones más secretos de la catedral y descubrieron nuevos hechizos y encantamientos. Chaw enseñó a Nat a controlar su poder y a usarlo para el bien.
Y así, el dragón de León y la joven asturiana se convirtieron en los guardianes de la catedral, velando por su belleza y protegiendo el tesoro que guardaba en su interior. Y aunque nunca más se les volvió a ver, se dice que sus espíritus siguen viviendo en las sombras de la catedral, vigilando la hermosa ciudad de León.
Fotografías: Natalia Fernández


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